¡Ya está aquí! ¡ya llegó! ¡La Navidad!

Época de celebración, de reencuentro, de ilusión y de…comilona tras comilona.

Así somos, lo celebramos todo alrededor de la mesa, donde la comida se convierte en un nexo, en un punto de conexión entre todos aquellos allí reunidos.

Saltamos de casa en casa, de mesa en mesa, de plato en plato y dejamos a un lado nuestros hábitos y rutinas diarias.

Durante estas fechas, hay personas que se descuidan por completo, son conscientes de ello y no les importa en absoluto.

Otras que, entre celebración y celebración, procuran mantenerse activos y no atiborrarse demasiado.

Y hay otras, que llevan todo el año a dieta, con restricciones, con prohibiciones, a las que les aterra la llegada de las navidades.

Estas personas son las que reciben mensajes ocasionales de su subconsciente con frases como: “un día es un día”, “de perdidos al río, mañana ya retomaré la dieta”, “me lo como porque me lo merezco”, etc…

Estas personas suelen verlo todo blanco o negro. Les resulta difícil ver esa escala de grises que hay en medio.

De esta forma, si deciden “saltarse la dieta” en Navidad, no es que se vayan a comer un poquito del primer plato, otro poco del segundo y un trocito de turrón, sino que ¡¡se lo van a comer todo!!

Esas restricciones a las que se ven sometidas durante todo el año, hacen que se desconecten de las sensaciones de hambre y saciedad.

Acostumbradas a comer con unas normas muy marcadas, unos alimentos concretos y unas cantidades precisas, donde no es su cuerpo el que manda esas señales de saciedad, sino su mente, llegan unas fechas como las que nos encontramos y su cabeza se vuelve loca.

El resultado final seguramente sea una gran sensación de culpabilidad, de malestar y, por ende, una sensación de tristeza por no haber disfrutado del verdadero sentido de la Navidad.

Sé que es un tema muuuuuuuy complejo, que no se va a tratar simplemente a través de un post, que seguramente requiera ayuda externa de un profesional.

Pero sólo quería aportar mi visión y decirles a todas esas personas que lo pasan tan mal en Navidad por el tema de la comida, que no sean tan duras consigo mismas y que bajen un poco el ruido de esa “autocrítica” que llevan dentro.

Que no le den tanto valor a la comida y que centren su atención en el entorno, en la familia, en la ilusión de la Navidad.

Quiero decirles que no se centren sólo en 2 colores, blanco o negro, sino que abran los ojos y perciban la tremenda gama de colores que les rodea. Aquí no hay cabida para “hacerlo bien o mal”, sino hacer lo que necesites en cada momento con plena consciencia y con una sensación de satisfacción posterior.

Quiero decirles que se quieran, que se respeten y que saquen para estas fechas su mejor complemento, que es su sonrisa.

¡Feliz Navidad a todos!

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