Hoy me gustaría compartir contigo una reflexión acerca de una charla que vi en Netflix hace un tiempo y que por “casualidad” he vuelto a ver hace bien poco (entrecomillo casualidad por que, bajo mi punto de vista, la vida te va dando pistas y te va poniendo a tiro lo que necesitas en cada momento. Eso o que cuando estás dispuesto a ver, cuando estás en ese maravilloso momento del despertar o llámalo consciencia si quieres, tienes esa habilidad de leer entre líneas). Pues bien, la charla a la que me refiero es “Be Brave” de Brené Brown, y si todavía no la has visto te invito a que lo hagas, te aseguro que no deja indiferente a nadie.

En esta charla Brené nos habla acerca de la VULNERABILIDAD, pero no entendida como debilidad, inseguridad o fragilidad (de hecho, si buscas en Google sinónimos de vulnerabilidad, estos serán algunos de los ejemplos que aparecerán). Nada más lejos de la realidad, ella defiende la vulnerabilidad como sinónimo de valentía si, a priori choca un poco, pero si continúas escuchándola verás como todo cobra sentido. La vulnerabilidad no es más que la valentía de exponernos cuando no podemos controlar el resultado; es sinónimo de incertidumbre, riesgo y exposición emocional.

Cuando eres vulnerable te estás arriesgando a fracasar, y si no estás dispuesto a fracasar tampoco podrás crecer e innovar, te estarás conformando, te quedarás atrapado en tu zona de confort porque sabes que desde ahí, desde ese lugar tan conocido y controlado, que no deja cabida a la incertidumbre, desde ahí te sientes a salvo. No todos estamos dispuestos a tirarnos a la piscina, sobre todo si no sabemos si estará llena de agua o por el contrario nos llevaremos el batacazo del siglo. Si eliges quedarte en esa zona porque realmente es donde quieres estar, te felicito, disfruta de tu elección; pero si sientes que hay algo dentro de ti que no acaba de encajar, si sientes cierta intranquilidad porque en el fondo sabes que ese no es tu lugar, te animo a que te detengas, analices donde estás y a donde te gustaría llegar y que, como dice Brené, seas valiente.

Da vértigo, lo sé, da cierta ansiedad separarte de lo conocido, pero es importante que sepas que al igual que cuando nacemos nos cortan ese cordón umbilical que nos une a nuestra madre, que nos nutre, nos oxigena y nos mantiene vivos. Al igual que a ese recién nacido lo separan del útero de su madre, el único lugar en el que se siente a salvo. Al igual que ese bebé es capaz de adaptarse a la luz, al exterior, a la independencia de respirar por sí solo, nosotros también tenemos esa capacidad de adaptación y superación (llámalo resiliencia si quieres, que queda más chulo).

Es imposible controlarlo todo, aunque muchas veces lo intentemos. Es más, si lo controlásemos todo y no dejásemos un solo hueco para la incertidumbre, para la sorpresa, la vida sería muy aburrida, ¿no crees?

La vida nos pone a prueba constantemente. Cuando por fin crees que ya está, que ya has logrado lo que querías, que lo tienes todo bajo control, que las cosas fluyen como la seda, va la vida y te da un giro de 360 grados que te deja patas arriba y con el culo al aire. En esos momentos es cuando los valientes, los que se arriesgan, los que se la juegan, tendrán por lo menos la oportunidad de coger de nuevo el timón y salir a flote; sin embargo, aquellos que nunca se han expuesto, que nunca han asumido un riesgo y tampoco están dispuestos a hacerlo, lo más probable es que se hundan con el barco.

Te invito a que cuando termines de leer esto te detengas un segundo y analices si estás donde quieres estar y, si no es así, te preguntes si estás haciendo algo para conseguir llegar a tu destino y si todavía no te has movido de tu sitio te animo a que, como dice Brené, be brave, ¿a qué esperas?

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